10 mayo, 2008

Magisterĭum

Deja que se quede conmigo.

Yo lloraba, mientras mi corazón encogido veía quedarse detrás de la puerta recién cerrada la figura de mi tía.
La mesa enorme, con niños y niñas con grandes ojos abiertos, mirándome en silencio, me parecía la mar océana.

Siéntate aquí.

Sin levantar la mirada, enganchada por un imán invisible a la mesa, vi aparecer un cuaderno de color verde debajo de mi nariz.

Sácale punta al lápiz y no te comas la goma.

Ponía Milán y Nata, según me dijeron días después.. Yo, que era más de campo que una lechuga, que conocía mejor que nadie el olor de las vacas, las jarras de leche, y por supuesto, de la nata, me pregunté porque decían que olía a nata, cuando no era verdad. Aunque sí era cierto, que entraban ganas de comérsela. Ummmmm, que bien olía.

¿No te había dicho que tenías que traer la tarea hecha?

El grito rasgó el aire y resonó como una traca de feria.

El silencio se hizo en la habitación. Hubiera sido sepulcral si no llega a ser porque fue roto por, primero unos pucheros, y luego, unos sollozos que dieron lugar a un llanto.

El mío.

¿Y a ti que te pasa, Alfonsito?

Yo con el corazón encogío: Que la maestra (ella) ma reñío...

Pero no era a ti ,corazón, era a ese niño de al lao, que es malo, que no hace la tarea...

Eso me compuso un poco y seguí haciendo mis remolinos con el lápiz en el cuadernito Rubio, que así se llamaba, el que tenía el color verde.

Mi maestra. Mi primera maestra. Carmen Garcés. Hoy no vive ya. Aunque ya yo tenía treinta años, yo seguía siendo su Alfonsito.

Gracias a su trabajo yo conocí a Caperucita Roja, me reía con la Ratita Presumida y soñaba tener el valor del Gato con Botas.

Volé en globo con Julio Verne, recorrí la Argentina con Edmundo D’amicis y fui un joven pirata en las islas de Malasia, con Emilio Salgari.

Supe que en un corral de gallinas, si había veinte picos tenía que haber cuarenta patas, que la equis al cuadrado era igual a menos be más menos la raíz cuadrada de be al cuadrado menos cuatro a ce todo ello partido de dos a.

Vi como cuando mezclo ácido clorhídrico con agua, echándola ésta sobre él, podría convertirme en Cuasimodo.

La recuerdo aún cada día, cuando ya en la Universidad, sonaban en mi cabeza, con el timbre de su voz: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

Gracias a ella, aprendí a pensar, a ser como soy.

Lo que soy, que no sería nada, si aquella maestra no me hubiera enseñado mis primeras letras, mis primero números.

Me quito el sombrero ante todos los profesionales del Magisterio. A los que se dejan la piel en su trabajo. A los que están más tiempo del que les pertenece enseñando a niños y niñas a ser personas, sin cobrar nada a cambio. Y especialmente, rindo mis honores, a los opositores, a los que siendo estupendos maestros y maestras, tienen que demostrar al mundo que son válidos, dentro de un sistema duro e injusto. A todos y todas los que modeláis esa estructura frágil que es un niño, para convertirlos en personas libres y con conocimiento, Gracias.
Os dejo con los héroes de mi educación...


12 comentarios:

Agata dijo...

Yo brindo por todos ellos.Y por los opositores.Ojalá éste sea el año en que sacaron las oposiciones...Se lo merecen.Por lo menos uno que yo conocí ésta Semana Santa que es un encanto de persona.

Alfonso dijo...

jeje no se te va ni una hija :)

Miguelo dijo...

ma reñio? jajaja que gracia

Agata dijo...

Me quedo con la esencia de las cosas y de las personas.
:)

Alfonso dijo...

jjj efectiviwonder, Miguelo, así hablamos aquí :) jj

SOMMER dijo...

Cargado de ternura y recuerdos, este post me ha retrotraido unos cuantos años atrás, justo cuando yo iba a parvulitos con Aurora. Una mujer alta y delgada, de semblante y comportamiento serio, pero llena de cosas que enseñar. De ella aprendí, entre otras cosas, que las galletas del desayuno se pueden compartir llorar.

Abrazos para ti, y para ella en representación de todos los maestros del mundo

Miguel Serrano dijo...

Las oposiciones deberian de ser libres y no concursos; es una pena tanta gente que oposita a magisterio con muchos conocimientos y que por cualquier cosa en puntos o mes trabajado otra persona igual capacitada, o peor en algunos casos se lleva el gato al agua...
A mi también me riñieron, y gracias a todos ellos por reñirme cuando debieron de reñirme. UN SALUDO

MIGUEL ANGEL dijo...

Gracias Agata; tú tambíen eres una chica encantadora y muy agradable. Espero que este año que viene sea el merecido y pueda ejercer de una vez por toda mi vocación.

Anónimo dijo...

He leído detenidamente este pequeño dcálogo sobre el magisterio y me alegro muchísimo que sea desde el punto de vista positivo. Hoy en día en difiícil encontar a alguien que recuerde o hable lo grato y relevante que fue o es el recuerdo de sus primeras lecciones que le han servido para poder automodelarse como persona. Es verdad que no todo el campo es orégano, pero que sí se debería de reconecer la magnífica labor de los maestros y maestras que van dejando su voz y su esfuerzo para contribuir a que los niños y niñas, independientemente de su ideología, creencias y condición social, para que se vayan formando como personas libres, críticas e independientes.
Te agradezco este mensaje que me envías porque al leerlo ha sido como leer un cuento, cuando antíguamente, bueno, tampoco somos tan viejos, como cuando leer un cuento era ponerse en situación para aprender algo nuevo, lleno de novedades. He recordado tu casa del campo, lade Diputación, el campo sembrado, el sitio donde hacías los quesos, ¿ te aecuerdas? y también a tu maestra Carmen Garcés, la barriada Asunción, etc. Ha sido como una paseo o vuelta a la infancia.
Aunque en algunos sitios donde he estado me han llamado MAESTRO, auqneu no lo sea, me ha agradado muchísimo, porque aunque los chavales con los que trabajo sean más grandecitos, creo que también contribuyo a ayudarles a que, en esa difícil etapa de la adolescencia, puedan acrararse un poco y empiecen a tomar decisiones importantes en su vida.

También me ha gustado muchísimo que te hayas acordado de los opositores; estar trabajando, preparando clases, estar con la familia, las obligaciones de la casa, VIVIR UN POQUITO, además de todo eso, hay que sacar tiempo para preparte para demostar que SÍ VALES COMO MAESTRO O PROFESOR O DOCENTE DECENTE, y tener empleo estable.

¡CAPULLO! Sigue escribiendo este tipo de relatos porque se te da muy bien, quizás podrías dedicar algún tiempo a crear relatos, y sobre todo a los que los óímos nos hace recordar y eso nos hace no olvidar y nos da un subidón para seguir PALANTE.

Muchas gracias por este relato, y ahora empezaré a descrubir eso del blog. Tu sabes que las modernuras, mi neurona tarda un poco de tiempo en reaccionar.

Saludos y un fuerte abrazo.

Antonio

Agata dijo...

MIGUEL ANGEL:que este es tu año,seguro que sí.Y los que sean tus alumnos van a tener una suerte enorme...Y respecto a la primera frase tuya:"niño que me da corte".

Gracia dijo...

Me ha encantado tu texto sobre los maestros, pues hoy día están un poco olvidados. Creo que son un pilar fundamental en nuestra vida. Aún recuerdo a mi "Señorita Teresa la del moño" (porque había dos teresas) que además de ser una magnifica maestra era pintora y nos enseñó a todos a amar la pintura, el olor de los óleos que aún recuerdo, y de la música clásica que nos ponía cuando hacíamos los deberes....
Mucha suerte a todos los opositores!

Alfonso dijo...

Sommer: es muy importante no olvidar el nombre de nuestros maestros.

Miguel Serrano: llevas razón, si yo te contara como se hacen los cursos que puntúan en los concursos... y lo que valen.

Antonio, yo sé que tú lo vives.

Gracia, yo tenía un profesor que siempre que hacíamos trabajos manuales nos ponía música clásica o flamenco...

Gracias por vuestros comentarios.