11 abril, 2008

Los ojos de la noche.


Los jueves salgo tarde de la radio; es un día completo. Trabajo por las mañanas, luego a casa de mi padre; más tarde, a las siete en la radio hasta las once y media de la noche. Después, a cenar con mis compañeros.
Cuando vuelvo a casa, son la una de la mañana, que de un día en que te levantas a las seis y cuarto, ya ha dado mucho de sí. Eso sí, con una siestecilla en medio. Si no, no resisto.
Da poco tiempo a escribir algo para el blog. Y no porque tenga que escribir algo obligatoriamente todos los días. No, no. El blog no es una obligación, como no lo es hablar cuando no quieres.
Sin embargo, venía en el coche escuchando la radio y pensando. Qué sola la ciudad. Duerme. En la radio, cuando nos despedimos, decimos buenas noches, buen descanso, que soñéis, etc...
Es verdad, Jerez, estaba sólo. Apenas me he cruzado con dos o tres coches. Una ciudad dormida. Apagada.
Pero eso es lo que parece.
La noche está llena de ojos. De ojos de gentes que no descansan cuando tú vas a eso, a descansar.
Sus miradas brillan en la soledad de la noche. No les ves, pero sabes que están ahí.
Intuyes sus sombras en las gasolineras, esperando que llegue algún cliente con sabe Dios qué motivo para echar gasolina a las dos de la mañana.
Ves sus siluetas detrás de las puertas de cristales de los hoteles. Están allí despiertos en la recepción por si suena un teléfono, o para abrirle la puerta a alguien que llega de madrugada. Mientras, hacen su trabajo de facturas y demás para no dormirse. Con su radio puesta, para no estar sólos.
En la prensa del periódico se escuchan ruidos. Ya está hecha la edición a imprimir. En el silencio de la noche, las letras se escriben para que tú por las mañanas las leas.
Las luces azules me aseguran que la policía está dando vueltas. Para que no te pases de la raya. O para que ninguno con una raya de más te pase a ti. Están ahí para tu seguridad.
Veo también el gran edificio con todas las ventanas apagadas. Porque voy en coche y no me puedo fijar, pero si tuviera buena vista, seguro que lo distinguiría. A la enfermera con su linternita cambiándole el gotero al abuelo, que no enciende la luz, para no molestarlo.
Urgencias siempre está iluminada. Siempre están allí esperando. Sin dormir, a los que somos capaces de llegar en los momentos más inesperados.
Llego a casa. Mientras se me abre la puerta del garaje, me doy cuenta de que es así. Apago la radio. No hay ruidos. No se escucha nadie. No se siente nada. Es de noche. Mi ciudad duerme.
Sólo quedan los ojos de la noche. Los ojos de las personas cansadas de la noche.

2 comentarios:

Agata dijo...

Ojos que velan mientras dormimos.Ojos que de día deben hacer un esfuerzo para continuar el ritmo de la vida...

Emevé dijo...

Hermosa reflexión.
Qué lindo corazón tienes Alfonso, gracias.