23 abril, 2008

Esos locos bajitos


Hace tiempo, estando de camping, teníamos unos vecinos de tienda de campaña. Un matrimonio joven, con un hijo de unos siete años, rubio, pelado casi a rape, con una cara divertida que te entraba risa sólo al mirarlo.

Yo, que soy muy observador para los comportamientos de las personas, estaba comiendo en la puerta de mi tienda, pero no quitaba ojo de lo que sucedía en la de al lado.

El matrimonio almorzaba, y el niño, jugaba en el río que estaba más abajo.
Llegó tarde a almorzar.

- ¿Qué hay de comer, mamá?
- Lo que tú te pongas, no voy a estar esperándote a ti. Aquí hay unos horarios que respetar, no vamos a estar todo el día trabajando. Venimos a descansar.

El niño se puso serio, pero la madre, le preparó su plato. Eran macarrones con tomate.
Cuando terminó, le dijo la madre: ahora vas al lavadero, y lavas tus platos.

Así hizo. Coincidió conmigo. Estaba en un lavadero contiguo. Yo me partía de risa por dentro, pero por fuera estaba más serio que un juez serio (porque hay jueces...). Cogía yo el fairy, el niño hacía igual. Cogía yo el estropajo, el niño, lo mismo. Daba yo dos giros en el plato, sentido agujas del reloj. El igual. Daba dos giros al contrario, él lo mismo.
El niño era para partirse.
Al otro día, me lo encontré en los lavabos y entramos juntos a cepillarnos los dientes. Estuvo exactamente el mismo tiempo que yo limpiándoselos.

Hace años y no se me ha olvidado su cara. A saber lo grande que está hoy.

Cuento esto porque en ésta última semana he pensado en los niños. En cuánto daño se nos puede hacer de pequeño. En cuán indefensos somos.
Lo de la pederastia en la Iglesia me ha partido el alma. Yo nunca me encontrado con un cura pederasta. Sí, con algún enfermo, porque eso era, que en la confesión quería demasiado detalles de las cosas que hacía uno con su cuerpo.
También conocí a un maestro que bueno, tuve que salir huyendo de su academia por pies. Pero eran otros tiempos, y esas cosas se callaban.
Al igual que tuve que salirme de un cine, porque un respetable señor mayor, de chaqueta y corbata, no me dejaba en paz.
Son cosas que nos pasan de niños y que no contamos. Sobre todo en mi generación.
Hoy no. Hoy la educación – ¡cuánto necesitamos una educación para la ciudadanía! Va por otros caminos, y los padres, madres e hijos tienen mucha más comunicación.
Pero de todas formas, vivimos en una sociedad, en donde padres y madres, deben estar alertas.

De los niños tenemos que aprender mucho. Esos locos bajitos que decía Serrat, son personas en potencia.
Cuando niño leí un libro sobre otros niños, que se convirtieron en alguna manera en mis héroes, o mi ejemplo, porque yo quería ser como ellos.

Estaba escrito por un francés, Louis Pergaud, La Guerra de los botones, y contaba la historia de unos niños de dos pueblos rivales, Longeverne y Velrans, que peleaban entre sí, y hacían la guerra. A los ‘muertos’, le quitaban los botones en señal de trofeo.
Es un buen libro antibelicista. Nos enseña lo malo que es la guerra, a través de los niños.
La ironía de la vida hizo que su autor, muriera en batalla en la Primera Guerra Mundial, no encontrándose nunca su cuerpo.

Los niños. El dolor de los niños. El daño que se le hace a los niños.

"Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar."

No puedo con la gente que hace daño a los niños, de verdad, no puedo. No entiendo como el Papa actual y el anterior, que tanto defiende y defendió la vida del no nacido, han descuidado tanto a los nacidos de cero a catorce o quince años de edad. No les entiendo, no puedo entenderles.

Ojalá hiciéramos más caso a la infancia, les miráramos y pensáramos que un día fuimos como ellos. Sin maldades, sin contaminación. Tal vez el mundo, ahora rodaría mejor.
Compartan conmigo este video a los niños pequeños con flores y a los niños grandes con armas.





3 comentarios:

gaia56 dijo...

Ese equilibrio entre educar, reprimir y dejar crecer es el que nos ha traído de cabeza con nuestros hijos. No sé si lo he hecho muy bien, bien o regular, puse empeño en ello.... pero ahora parece que hay demasiada contemplación y poco de poner coordenadas y educar.
también estoy de acuerdo en que necesitamos aprender de los niños...¡cómo no! y olvidarnos de todo lo que hemos acumulado en tantos años..
Bueno en fin es mi primer visita a tu blog... volveré.

Emevé dijo...

Te puse un comentario que no sé si se grabón, en todo caso en mi blog maternal he linkeado esta entrada tuya que me parece formidable. Un beso

Satie dijo...

Y muchas veces ese daño es irreversible...