01 marzo, 2008

Muerte en Trafalgar


Hace dos días escribía sobre el Cabo de Trafalgar. Decía que me daban miedo sus fantasmas. Hoy, hemos tenido la mala noticia, de otra muerte en el Cabo. Una mujer marroquí ha muerto al intentar llegar a las costas españolas desde Africa. Otra muerte más. El Cabo de Trafalgar marca el límite geográfico del comienzo del Estrecho de Gibraltar. Manga de agua que une dos mares: el océano Atlántico y el Mediterráneo. Y separa dos tierras. Dos mundos. Europa de África.
Cuando estaba el otro día sentado mirando al mar, le comenté a M : hay que ver el valor que hay que tener para cruzar esto en una patera.
A lo lejos, en el horizonte, si el día está claro, puedes ver perfectamente África. Incluso el brillo de los coches que van por la carretera. De noche, ves las luces de Ceuta y de Tánger.
Mirar al Estrecho es siempre una experiencia. Delante de ti, un continente entero. El continente de los desiertos, de las selvas. De las pirámides de Egipto. La tierra de Lucy, nuestra madre primitiva.
Allí nació la vida humana. Hoy es la vida humana de África la que otra vez vuelve a nosotros.
Horas después de haber estado allí con M. tomando el Sol, una mujer estrellaba su vida y moría contra las rocas. Las mismas rocas que estuvimos mirando. La misma playa que, ustedes amables visitantes, habéis elogiado en el vídeo que puse.
Ahora la pregunto que le hago a M. ha cambiado, es otra. ¿Qué harías si hubiéramos estado en la playa y hubiera llegado una patera llena de inmigrantes con peligro de ahogarse, con hambre, con sed? Ayudarles, dijo M. sin dudar.
Sí, ayudarles. Debe ser terrible verlos llegar, con el miedo a la muerte en la cara. Enfrentarse a ese Cabo de Trafalgar fiero, que no deja que tu barca vare en la arena.
Ya ha ocurrido otras veces. En verano, mientras los españoles estamos en la playa, alguna vez ha llegado una patera con personas desfallecidas a la orilla. La reacción de la mayoría de las personas, después del desconcierto, ha sido ayudar: dar de comer, dar ropa. Incluso se ha visto alguna mujer darle el pecho a un bebé que llegaba con los inmigrantes.
Inmigrantes. Que manía con poner palabras para especificar que los vemos distintos.
Con lo fácil que es decir personas, y ahí cabemos todos.
Toda la población española debería pasar algún día por el Cabo de Trafalgar. Sentarse, mirar al mar y a sus olas bravas. Ver llegar una patera. Ver como se bajan. Ver como te preguntan donde está Barcelona. Ver en sus ojos las caras de desconciertos porque no saben hacia donde correr. Ver sus rostros cuando se dan cuenta que, después del riesgo que han pasado y la fortuna que han gastado, les han engañado. Ver su desilusión cuando un guardia civil les detiene para repatriarlos a casa. Ver con sorpresa como el guardia en vez de pegarle un tiro, le da un bocadillo para comer y una manta para que no pase frío.
Desde la orilla, nuestra orilla, no podremos ver otras miradas. La mirada de la madre que cada vez es más triste porque la carta o la llamada de su hijo no llega. La pena de la madre que piensa que a su hijo le va bien las cosas y ya no se acuerda de ella, por no querer pensar lo peor. Que se quedó entre dos aguas. En medio del Estrecho.
Entonces, cuando hayamos visto todas estas cosas, y hayamos hecho nuestro el dolor del prójimo, nos daremos cuenta de que no somos nadie ni tenemos moral alguna para exigirles un contrato en el que les obliguemos a tomar nuestras costumbres. Legislarles el derecho a una vida digna.
No sé si seré un mal español, o si no seré un hombre de bien, pero yo sólo puedo tender la mano. Que quieren que les diga. No puedo dejar que se ahoguen. Tienen que pasar. Y si aquí, tenemos que estar más apretujados, nos jodemos. Pero hay que vivir, y derecho a la vida, tenemos todos, nazcas donde nazcas.
A pesar de lo que digan algunos que quieren gobernar en este país. El romper de las olas y las tragedias que llevan encima, son más fuertes que sus palabras xenófobas. Pesan más los corazones ahogados que nuestras cabezas.
No es tan difícil de entender. Como dice la Mari de Chambao, ponte tú en su lugar.

Miles de sombras cada noche trae la marea,navegan cargaos de ilusiones que en la orilla se quedan.Historias del día día, historias de buena gente.Se juegan la vida cansaos, con hambre y un frío que pela.Ahogan sus penas con una candela, ponte tú en su lugar,el miedo que en sus ojos reflejan, la mar se echó a llorar.

Frágiles recuerdos a la deriva desgarran el alma,cala to los huesos el agua los arrastra sin esperanza.La impotencia en su garganta con sabor a sal,una bocanada de aire le da otra oportunidad.Tanta injusticia me desespera, ponte tú en su lugar,el miedo que en sus ojos reflejan, la mar se echó a llorar.

Muchos no llegan, se hunden sus sueños, papeles mojaos, papeles sin dueño.Muchos no llegan, se hunden sus sueños, papeles mojaos, papeles sin dueño.



1 comentario:

Agata dijo...

http://www.slideshare.net/alfonsoeb/mar-cruel-252602/
Aquí te dejo la dirección de internet donde podrás ver un trabajo fotográfico que verdaderamente me impresionó.Por la realidad de las imágenes que se ven.Me cuesta mirarlos a los ojos.Pero tenemos que verlos.Para que no nos quejemos de vicio.Nos quejamos porque nacimos a pocos kilómetros de diferencia.Nosotros aquí,ellos un poco más lejos.Un beso Alfonso.