14 marzo, 2008

Hipócritas.


Los españoles para algunas cosas somos muy modernos. Yo creo que nos importa un pito la vida sentimental o sexual de los cargos públicos. Hemos tenido cargos públicos separados, por poner, un ejemplo, Alfonso Guerra o Alvarez Cascos, y no ha pasado absolutamente nada, como debe ser. Nuestros vecinos, igual. Ahí tenemos el ejemplo de Francia.
Hoy, con la Conferencia Episcopal de guardián, no se si ocurriría lo mismo si el presidente del gobierno decidiera divorciarse, o si algún jefe de algún partido de la oposición, decidiera cambiarse de sexo.
Todo esto viene a cuento de la dimisión del gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, por su relación con una prostituta.

Digo yo ¿qué mas dá lo que haga una persona fuera de su horario de trabajo?
Claro está que la cuestión va por otro sitio. Y es que este hombre era guardián de la moral en aquellas tierras.
Ahí te pillé, amigo mío. Haz lo que diga, pero no digas lo que hago.

Entonces, sí, lo veo mal.
Nunca me fié de los que se presentan al público como almas cándidas e inmaculadas, acusando con su dedo inquisidor de perversos, maricones, putas, viciosos y demás calificativos a media humanidad.
Y es que qué razón tenía Jesús. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

1 comentario:

Agata dijo...

No debería existir dicho cargo.Eso lo primero. ¿Quién tiene poder para decidir lo que yo haga o no haga con mi vida privada?.¿Quién es más puro que yo?.¿Quién?.Yo no soy nadie especial.Pero no le hago daño a nadie.Y nadie tiene que decirme lo que está bien y lo que está mal.Ya yo lo sé solita.
Pero me alegro de que a ese señor le haya pasado lo que le ha pasado.Lo siento por su esposa.Que vaya carita que tenía en la prensa.Los ojos de ella lo decían todo.Años y años de mentira¿no?