19 marzo, 2008

Ha muerto Arthur C. Clarke.



Ya a estas horas, muchos de ustedes sabrán que ha muerto Arthur C. Clarke, autor de 2001, una odisea espacial, entre otras obras y la primera persona en proponer la idea de los satélites artificiales.
No voy aquí a detallar su biografía, que está repartida por múltiples sitios de interner.
Sólo voy a hacer una breve semblanza a título personal de lo que ha representado esta persona para los astrónomos aficionados como yo.
Tendría yo trece o catorce años cuando vi la película de Stanley Kubrick, 2001, Una Odisea Espacial. No me enteré de nada. Ese cambio del mono dando golpes con un hueso, a una nave espacial navegando hacia la luna, me dejó descolocado.
Ya más mayorcito, con 18 o 19 años, cayó en mis manos el libro, aunque ya había leído su cuento ‘El Centinela’, germen de la novela.
Entonces sí lo entendí y quedé maravillado por el monolito, por Japeto – en la película, Europa – y por la posibilidad de la vida inteligente fuera de la Tierra.
Clarke me lo planteaba de otra manera. No eran hombrecillos verdes, ni marcianos. Eran mucho más. Otra manera de entender las cosas. Y lo más importante, basándose en la ciencia.
Luego, leí las continuaciones de sus novelas y alguna más, como Cánticos de la Lejana Tierra, de la que Mike Olfield hizo un disco que recomiendo que escuchéis. La historia de la Humanidad que tiene que partir del planeta a otro sitio, porque aquí ya no se podía seguir viviendo.
Clarke es el ‘culpable’ junto a Carl Sagan, de aumentar mi afición por la ciencia y la astronomía.
Aquí os pongo el programa que hicimos de Un Punto Azul sobre 2001, el 27 de septiembre del año pasado, así como el relato de El Centinela que hice yo mismo en Frontera Radio, el 19 de Julio de 2004.

Un punto azul, sobre 2001.

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El Centinela.

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