18 marzo, 2008

Doña Marta.


Doña Marta está preocupada.

En unas declaraciones concedidas a la revista 'Lo Nuestro', propiedad de Radio Teletaxi, la ex primera dama catalana respondió a la pregunta de Justo Molinero de si le molestaba que un presidente de la Generalitat fuera andaluz: "Un andaluz con nombre castellano, sí, mucho. Además, pienso que el presidente de la Generalitat debe hablar bien el catalán."

Luego, El ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol se ha felicitado hoy por la capacidad "integradora" de la sociedad catalana y ha alabado al actual 'president', José Montilla, como ejemplo de catalán con orígenes fuera de Cataluña.

Pujol ha salido al paso de esta forma de las declaraciones que su esposa, Marta Ferrusola, ha hecho en una entrevista para la revista "Lo nuestro. La Radio escrita", del grupo Teletaxi, en la que admite que le molesta "mucho" que el presidente de la Generalitat sea "un andaluz que tiene el nombre en castellano".

En una escueta nota, Pujol ha señalado: "Si me preguntan lo que pienso, le diré que yo me he expresado muchas veces sobre esto y siempre en términos bien diferentes a éstos".

Pujol ha querido dejar claro no solamente que aprueba que el presidente de la Generalitat sea un catalán venido de fuera de Cataluña, sino que eso dice mucho a favor tanto de la sociedad catalana como del mismo Montilla, nacido en Iznájar (Córdoba) y residente en Cataluña desde su adolescencia.


Ahí las noticias.


La verdad que a mí, como andaluz me extrañaría un poco que el presidente de mi Comunidad se llamara Jordi, sobre todo, acostumbrado al que tenemos, Manuel – Manolo -.

De todas formas, no creo que me importara, porque le diríamos de todo: Llordi, Jorgüe o vaya usted a saber qué. Lo que importa es que gobierne bien. Qué más da de donde sea.

La pobre Marta.

No le gusta.

Qué le vamos a hacer.

Pero lo que realmente me llama la atención de la noticia, no es lo del nombre del President. Sino que luego tenga que salir su marido, Jordi Pujol, a corregirla y contradecirla. Eso sí que debería preocupar - y avergonzar - a doña Marta. Y no como catalana, sino como mujer.

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