14 marzo, 2008

Día del Seminario (2)


Dejé de ir a los templos 'recomendados' para irme a la parroquia donde me bauticé. Una parroquia en un barrio periférico, obrero. Entonces, conocí a otro sacerdote. Vi un mundo nuevo. Este hombre – al que nunca dejaré de estar agradecido – me enseñó el verdadero camino del Evangelio. Me integré en la parroquia hasta que me confirmé.
Bendito día el que Don Rafael Bellido Caro puso sus dedos sobre mi frente. Mi cura y mi obispo. Ellos son los constructores de mi Fe. Lo que soy, lo soy por mi familia, por ellos dos y por mis catequistas.

Para mí, don Rafael era un santo. Pero no un santo tal como lo entienden mucha gente. No un ser celestial, ni blandengue, ni con aureolas no. Yo entiendo como santo a la persona que vive el Evangelio de tal manera que desprende luz. Ya sé que suena raro. Es algo especial. Tienen dentro la alegría de Jesús. He conocido a varios sacerdotes así. No sé si algún día los beatificarán. Pero para mí, como si lo fueran.
Don Rafael tenía esa luz. Como él decía: soy un cura que es obispo. Tendría sus fallos como cualquier persona. Pero eso lo hacía grande, porque era muy humano. Recuerdo habermélo encontrado en la carretera de Arcos, con su renault cinco como un horno en verano, sin aire acondicionado. Averiarse su coche, y estar allí con las manos llenas de grasa. Pararme con él con mi vespino, e intentar arreglar el asunto.
Compartí la vigilia pascual con él, en Benamahoma. Yo estaba alojado en el templo de El Bosque. Preparar con él la celebración. Subir con él en su coche por aquellas cuestas.
Parece que fue ayer cuando apareció sin avisar en la asamblea de la comunidad. Sentarse allí como otro más, y tener que ir corriendo a la iglesia a buscarle ropa para celebrar con él la Eucaristía.
Recuerdo su despacho pequeño en la calle Eguiluz, la foto de su madre, y su disposición a trabajar.
Con una persona así, inyectándote fe a raudales, era muy difícil el no ser cristiano.
Alguna vez fui a encuentros de oración en donde se encontraba el Seminario Diocesano de Jerez, en la calle Tardixt, junto al Tempul.
Continuará.

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