18 marzo, 2008

Cristianos Socialistas - Las oraciones del Cardenal Rouco - José Antonio Pérez Tapias.

Desde Cristianos Socialistas me indican un artículo estupendo sobre las últimas declaraciones de Rouco Varela diciendo que 'oraba por Zapatero'. de José Antonio Pérez Tapia, recién elegido diputado por Granada por el Partido Socialista Obrero Español de Andalucía, en las últimas elecciones generales.
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José Antonio Pérez Tapia, nacido en Sevilla en 1955, es licenciado en Ciencias Eclesiásticas por la Facultad de Teología de Granada y doctor en Filosofía y Letras, habiendo ejercido como profesor titular de esta última disciplina en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada. Pérez Tapias, de reconocido prestigio en el campo de la docencia universitaria, es el autor de diversas publicaciones, entre las que se encuentran: Filosofía y crítica de la cultura, Claves humanísticas para una educación democrática, Educación democrática y ciudadanía intercultural, y ¿Para qué filosofía? Pérez Tapia también ha editado ensayos como el titulado ¿Podemos juzgar las culturas?
Ha sido elegido en las últimas elecciones generales

Este artículo lo publicó en La Opinión de Granada el 13 de marzo de 2008.


Las oraciones del cardenal Rouco
José Antonio Pérez Tapias

Nos contaba Gabriel García Márquez que había un coronel que no tenía quien le escribiera. Hoy nos cuentan las crónicas que Rodríguez Zapatero ya tiene quien rece por él. Así se lo ha comunicado el cardenal Antonio María Rouco, flamante presidente de la Conferencia Episcopal, vuelto a elegir hace poco para estar al frente de la misma por tercera vez, en la carta que le ha enviado para felicitarle por el resultado de las elecciones generales. Cortesía obliga, máxime cuando también el presidente del Gobierno y de nuevo candidato electo para el mismo puesto, también felicitó días atrás al arzobispo de Madrid al recaer sobre él la elección de los demás obispos para ostentar la presidencia de tan eximio colectivo de la Iglesia católica española. La reciprocidad en las felicitaciones ha sido objeto de la atención de los medios de comunicación, pues a nadie se le escapan las tensiones entre el episcopado y el gobierno en la pasada Legislatura, y todo el mundo quiere leer entre líneas qué se dice, o qué no se dice, por debajo de los saludos y parabienes de rigor. No obstante, esa reciprocidad de buenas maneras no puede ocultar la asimetría de la situación. Por una parte, el presidente y ahora candidato electo ofrece voluntad de diálogo, que no es poco, para que haya unas buenas relaciones entre el futuro Gobierno y la Conferencia Episcopal que redunden en una colaboración eficaz en beneficio de la ciudadanía. Por otra, en cambio, el presidente de los obispos, jugando siempre con la ventaja de quien cuenta con otras bazas, insiste en que ellos ofrecerán sus oraciones para que el candidato vencedor cuente con la “luz y fuerza” del Señor en “el desempeño de las responsabilidades que le encomienda el pueblo, al servicio de la paz, la justicia, la libertad y el bien común de los ciudadanos”. Parece que no hay nada que objetar a tal ofrecimiento, pues eso no hace daño a nadie, ni aun cuando aquél por quien se reza sea agnóstico o cualquier otra cosa distinta de miembro de la Iglesia católica. No obstante, ¿qué pensar de eso que así parece?

Los ciudadanos de a pie podemos aplicar alguna dosis de estrategia de la sospecha respecto a declaración episcopal tan amable, sin por ello cuestionar que haya cierta voluntad de acercamiento expresada a través de palabras tan religiosamente corteses. Dicho eso, se le podría preguntar a los obispos, colectiva o personalmente –en este caso las respuestas admitirían variantes significativas-, si también antes, mientras ha sido presidente del Gobierno en el anterior mandato, han rezado por Rodríguez Zapatero. Y si ese ha sido el caso, la pregunta siguiente es si han aplicado el conocido refrán castellano de “a Dios rogando y con el mazo dando”, pues es notorio que muchos no se han privado de arrearle al presidente del Gobierno todo lo que han podido a través de homilías, pastorales y soflamas al frente de multitudinarias manifestaciones. Desde luego, en tales casos, no han utilizado un lenguaje apropiado para la corrección fraterna.

Mirando no ya al pasado, sino al porvenir, el interrogante puede ser otro, pues los que tenemos cierta edad no podemos dejar de acordarnos de aquellas oraciones y jaculatorias por la conversión de Rusia. ¿Cuál va ser el objetivo de las preces episcopales: que Zapatero deje atrás ese pernicioso laicismo que disuelve la familia cristiana o que no ponga en peligro la democracia por la vía de acosar a la Iglesia? Si de esas cosas le han acusado, a él y a los socialistas en general –recordemos declaraciones del Primado de Toledo, monseñor Cañizares, o del arzobispo de Valencia, monseñor García Gasco-, ¿pretenderán con sus oraciones que eso que han dicho que ocurre deje de pasar en virtud de la conversión que se efectúe? No hay que pasar por alto que los obispos cuentan además, según la ortodoxia que defienden, con una cláusula totalmente a su favor: el criterio para juzgar si el previsible presidente del Gobierno responde en su segundo mandato a lo que el pueblo le ha encomendado –no se menciona para nada el programa electoral con el que el candidato y su partido se han presentado a las elecciones y han ganado- es que esté al servicio del bien común. ¡Y son los obispos mismos los que se presentan como exclusivos intérpretes de ese bien común, que sólo puede responder a la ley natural, respecto a la cual ellos mismos se erigen en los más cualificados portavoces por contar con las luces trascendentes de la revelación divina! ¡Milagrosa cuadratura del círculo! No puede dar como resultado sino un círculo virtuoso, o vicioso, según se mire.
Está visto que hay regalos envenenados y oraciones interesadas. Las buenas formas entre representantes institucionales siempre son de agradecer. Incluso comprendemos todos que se utilice en tales casos un lenguaje edulcorado que no por eso vamos a tachar de hipócrita. Pero el asunto que nos ocupa tiene más pliegues y repliegues, como también se evidenció, según cuentan las crónicas, cuando monseñor Rouco comunicó igualmente al Rey que ofrecía por él sus oraciones y éste, sin menospreciarlas, le indicó que casi mejor no maltrataran su figura en la conocida emisora que mantiene, entre otras instituciones, la Conferencia Episcopal. Estamos ante una situación similar, pues bien se podía rezar menos por un presidente del Gobierno, al que de tejas para abajo le basta con el apoyo del electorado y la mayoría parlamentaria, y tratarle con el debido respeto –es decir, sin calumnias ni difamaciones- desde la referida cadena radiofónica cuyo nombre, por deferencia hacia el diario que acoge este artículo, no vamos a mencionar. Contribuir a envenenar el clima político, a sembrar crispación social, a contaminar desde las ondas el aire de verdad que necesita la sociedad española, no es nada edificante por muy populares que sean aquéllas. Para muchos cristianos –entre quienes me incluyo-, y por descontado que para quienes no lo son, es realmente escandaloso, por lo que supone de sumisión al “espíritu de la mentira”, que la Iglesia española permanezca apoyando institucionalmente a una empresa radiofónica que en España está haciendo tan flaco favor a la democracia. Apelar a la libertad de expresión para encubrir injustificables intereses es en este caso algo más que un engaño; peor aún justificar determinadas prácticas por el hecho de mantener una audiencia a la que así pueden llegar determinados mensajes religiosos. Dedicarse a decir, por ejemplo, como ha ocurrido en días previos a lo que ha sido un ejercicio admirable de participación democrática, que la situación española presenta una deriva totalitaria, es tan de mala fe que si se consiente desde la Iglesia es para que a ésta se le queden cortas las críticas de Jesús a los fariseos llamándolos sepulcros blanqueados. Menos rezar, por tanto, y más actuar, de lo contrario ese nuevo catálogo de pecados que algún obispo del Vaticano se está dedicando a airear va a tener que incluir entre los graves algunas formas de omisión que están causando un daño enorme tanto a la convivencia democrática como a la comunión eclesial. ¿No se nos dijo que si alguien tenía algo contra nosotros había que dejar la ofrenda ante el altar e ir antes a reconciliarse con él (cf. Mt 5, 23-25)? Donde no se trabaja por la reconciliación es falsa la oración.

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