02 febrero, 2008

Manos a la obra



Llegó el día. El PC cada día iba más lento. Dice M. deberías formatear. Pero ¿tú sabes lo que es eso?
No tuve más remedio que hacerlo. Probé a instalar el Guadalinex. No fue. Cuando iba por el quince por ciento, se murió. Eso sí, me dejó el disco duro particionado en tres partes. Así, cuando voy a instalar windows, me dice que tararí. Que esas particiones no valen. Ea, a volver a hacer particiones que sean del gusto de Bill Gates. Hechas ya. La pantalla a 16 colores. ¿Dónde están los drivers de la tarjeta de vídeo? Seguro que en mi otra casa. Pero allí, dónde estará. Dios. Ahhgggggg.
Menos mal que ono lo pilla bien. Busco en internet. Windows me avisa. Tiene que actualizar usted el sistema, porque el que le vendimos era una verdadera eme. Ajá. Mejor se acuesta a la siesta y me deja trabajando. Muy bien. Me voy a la siesta, y no duermo. Prefiero ver un capítulo de Marco en el canal Boomerang. Sí, Marco. Qué pasa. ¿Alguna pregunta? Ah, pues vale.
Duermo un poco. Me levanto. El PC está actualizado. Digo. A ver, cómo adivino yo la tarjeta gráfica de esto sin tener que abrirlo. Ah. Me pareció ver al reiniciar que en un segundo sale en la pantalla de inicio. Reinicio. Mi boli y mi papel para apuntar. Ole. Ahí está una nvidia gforce tal y tal. Ole. San Google. Aquí están los drivers. Se instalan. Qué bonito. Qué de colores. Ole. Pero que silencio. Toc toc. Esto no suena. Vaya , la tarjeta de sonido. ¡Si cuando pongo linux la pilla de momento!. Pues no. Bill Gates dice que no. Ea. Cuál será la tarjeta. A San Google otra vez. Me entero que hay un programa que se llama Everest, como el monte, que te lo dice todo. Lo bajo. Fabuloso. Es verdad, lo dice todo, incluida mi tarjeta de sonido, una realtek c-media AC97. Ea. Busca los drivers. Pa ti, Alfonso. No están. Agggghhh. A buscar en foros.

M. me llama por teléfono y me despeja la mente. Cuando cuelgo voy a la cocina. Me bebo un vaso de agua, y ¡oh! iluminación. ¡Si yo no tengo tarjeta de sonido, porque estaba integrada en la placa!
A San Google. Busco la placa que previamente he localizado con el Everest. Aquí está, guapa. La bajo. La instalo. Reinicio. Ding Dong Ding ! Ole. Ya se escucha. Ahora sólo queda instalar los programas de office, fotografía, etc... Eso será mañana. Todo esto que os he contado me ha llevado todo el sábado. Desde las doce hasta las diez de la noche.
Así que hoy no voy a hablar de los obispos. De eso se libran. Ni de nada. Sólo de la maldita informática que nos vuelve locos de vez en cuando. Tengo un defecto. Como - informáticamente - se me meta algo en la cabeza, hasta que no lo consiga, no paro. Aunque me cree estado de ansiedad. Aunque como decía Satie, empieze a mirar cada hora la bombona del butano o comprobar si las puertas están cerradas y los calentadores apagados. Pero por ésta, que Bill Gates no puede más que yo. ¡Vámos hombre ya!.

2 comentarios:

Satie dijo...

A mí me pasa igual. La de días perdidos por MR Gates. Ánimo, esto es lo que hay.

Palmtop dijo...

La informática se creó para ayudarnos y al final parece que cada vez más sólo nos complica la vida...