19 febrero, 2008

Cuba


Cuando estaba estudiando la EGB, en uno de los últimos cursos, usábamos un libro de Lengua, de Lázaro Carreter. Se llamaba Teoría y Práctica de la Lengua. En cada tema, al final, había una lectura.
Recuerdo una, una especie de cuento, pero no sé su autor. Si alguien lo supiera, se lo agradecería, porque me gustaría volver a leerlo. Contaba la historia de un niño que recibía como regalo de reyes un rompecabezas sobre geografía. Tenía que construir con las piezas, un mapa de España. Llevaba mucho rato dándole vueltas, hasta que dijo a su madre: Mamá, el rompecabezas está incompleto. No viene todo. ¿Cómo que no viene todo? Dijo la madre. Sí, mamá. Falta Cuba.
El texto, obviamente, era de alguien de la Generación del 98.
Es la primera idea que se me viene a la cabeza sobre Cuba. Tendría 13 cuando aprendí aquello.
Ya luego de mayor, empecé a darme cuenta de lo que pasa en Cuba.
Tengo amigos cubanos. Un día, al salir de la radio, fuimos a un supermercado cercano y estando dentro comprando, empecé a hablar de Fidel Castro. Me dijo mi amigo cubano: pssss, no hables de Fidel. Pero, ¿qué pasa? Cualquiera puede estar escuchando. Lo decía en serio. Tenía miedo real de que en ese supermercado perdido de Jerez hubiera espías de Fidel.
No me gusta la dictadura de Cuba. No, no me gusta. La falta de libertad no es algo que se merezcan los cubanos. Fidel se retira. A ver que pasa. Porque tampoco me gusta – para nada – la política de Estados Unidos y su inhumano bloqueo. Ni me gusta a quien sirven los exiliados de Miami.Cuba tiene un problema como lo tuvimos los españoles al morir Franco. Ha de resolverlo el pueblo cubano. Todo el pueblo cubano. Sin injerencias. Ojalá que sea en paz.



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