16 enero, 2008

La Santa Paciencia


Agata escribe un magnífico post ,como siempre, sobre los umbrales de la paciencia. Esa línea fina que nos distingue de ser una persona cándida y encantadora a convertirnos de pronto en un orco del Señor de los Anillos.

La Santa Paciencia.

Llega uno a casa. Cansado del trabajo, del trabajo de cada cual: ya sea poner ladrillos o como en mi caso, de tener el teléfono pegado a la oreja.Haces la comida, pones el telediario, y cuando estás tranquilito viendo la tele y comiendo...


Rinnngg!! Rinnnggg!!


El teléfono fijo suena.

Número privado.

Sr. Saborido?

Sí, soy yo.

Sr. Saborido le llamo de la empresa tal, que estamos haciendo una promoción en Jerez, y le regalamos seis vasos de cristal de bohemia totalmente gratis.

Uy, que bien, qué suerte he tenido, mándemelo ipso facto.

Si, Sr. Saborido, lo único es que los gastos de envío son 20 euros.

Ah

¿me dice su dirección?


La postal, señor.

Ah.En la calle...perdone, ¿le puedo hace una pregunta?

Sí, señor.

Es que, la verdad, ya tengo vasos en casa. ¿Podría usted, en vez de regalarme los vasos, regalarme un jamón?

Click!

El click es el justo momento donde la chica cuelga y donde el afable Alfonso se convierte en Mr. Hyde, y además, paga el pato con quién menos culpa tiene, la pobre chica de una empresa de telemarketing.

Una pista para quién no me conozca. Cuándo me pongo cínico estoy a breves segundo de perder. Perder la paciencia y perder yo. Porque perder la paciencia, siempre es un fracaso de nuestra racionalidad y nuestra educación.

1 comentario:

Agata dijo...

Cuando paso de encantadora chica a monstruo por perder la paciencia me doy cuenta.Me estoy dando cuenta en ese momento.Tengo muy mala leche cuando me "pierdo".No hablo groseramente pero sí con cinismo...Y como tú dices,lo paga quien menos culpa tiene.Pero también su jefe.Porque cuando estoy peor lo hago llamar...