19 diciembre, 2007

Una historia más


Pedro era de misa diaria. Había cogido la costumbre desde que estuvo en aquel colegio religioso. Hoy, por cuestiones de tiempo, no puede acudir todos los días, aunque no suele faltar los domingos. Necesitaba de la Eucaristía para vivir.
Hoy, Pedro, también se levantó temprano. Aunque era sábado, solía hacerlo así. Tenía su trabajo durante la semana, pero el sábado, lo dedicaba a los demás.
- Jesús está en el prójimo – pensaba.
Les daba compañía y charla a personas que estaban solas. La gente hoy padece una soledad muy grande. Necesitan que le escuchen. Necesitan que les oigan, Y Pedro, prestaba su palabra, su presencia, y sobre todo, sus oídos para escuchar.
María le contó que su hijo no venía a verle, aunque la llamaba cada día por teléfono.
Marta se había caído y le contaba a Pedro el dolor que sentía en sus brazos, y todo lo que le suponía el no poder atender las faenas de la casa como ella quisiera.
Pepa había perdido a su marido hacía unos meses y la pena la ahogaba. Sólo lloraba cuando hablaba con Pedro; si no, siempre iba con una sonrisa, porque no le gustaba entristecer a nadie.
Pedro sufría porque hacía los problemas de los demás, suyos propios, aunque intentara evitarlo. Pero se sentía a gusto. Creía que hacía el bien, y eso le bastaba para seguir. No cobraba, no ganaba dinero.
Sólo pedía una cosa a cambio: alimentos para un comedor de pobres que llevaban unas monjitas. Allí Pedro se dio una vez de cara con el hambre, y le cambió la manera de ver las cosas. Como si le hubieran puesto unas gafas que le permitían ver más allá.
Pedro volvió de regreso al hogar, pasó por la capillita de siempre, saludó al Señor y tomó el camino para casa.
Estaba cansado. La noche anterior no había dormido bien. Había estado discutiendo con un amigo ateo; le agotaba ya. Siempre con las mismas cosas. Los mismos insultos. Las mismas acusaciones. Ser católico no estaba de moda. Te venían tortas de todos sitios.
Pensando en cómo iba este mundo, llegó a su casa. Abrió la puerta con su llave, y escuchó cantar. Supo que hoy habría espaguetis para comer. Como siempre, le recibió con un beso y un
¿hola cariño, cómo estás? Como en casa no se está en ningún lado ¿verdad?
Comieron juntos, se contaron las cosas del día, de la familia, de los amigos... Luego, retiraron la mesa y dieron gracias a Dios por comer y por estar juntos.
Se echaron en el sofá y pusieron el canal 24 horas de noticias. Un señor hablaba del recurso ante el Tribunal Constitucional que el Partido Popular hacía contra la ley que permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo. Otro señor – católico como Pedro – hablaba de la homosexualidad, como consecuencia de la educación de una madre posesiva, y pedían la asistencia a una manifestación para defender la familia, pilar de la sociedad, que se encontraba amenazada.
Pedro miró a su novio Manuel, que se recostó sobre su pecho. Miró también la foto de su madre, fallecida no hacía mucho tiempo. Se le saltaron las lágrimas. Como algunos católicos pueden ser tan crueles, pensó. Pedro besó a Manuel. Cerraron los ojos y apagaron el televisor. Pedro suspiró. Manuel se durmió en sus brazos. Entonces, Pedro rezó por todos y por todas, como hacía todos los días.

3 comentarios:

Agata dijo...

Alfonso,hay que ver cómo me sorprendes siempre.La historia que he leído es tan bonita...Cómo escribes,Alfonso.No sólo la historia en sí,haces que los personajes casi que los pueda oler.Con eso te lo digo todo.Por cierto,allí en el blog,te contesto sobre Cat´s.

Cat's dijo...

hola alfonso! aqui estoy, me he quedado flipada con tu comentario, como ya sabes ando por estos lares hace un tiempo ya, no soy de tierra del fuego, pero la patago nia es bien grande y estoy mas cerca de La Pampa que del fuego. Aun hay más, he hecho radio en mi ciudad!!! he estudiado comunicación social, y la radio fué el medio elegido, por muchas razones que espero alguna vez poder contartelas. besos

Alfonso dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Pues Cat's mi radio la tienes a tu disposición para lo que quieras, me gustaría hacer como te digo un programa sobre esa parte de Argentina, y Argentina en general. Desde 1997 me escribo con un argentino de Paraná, y me ha enseñado vuestro país de una manera, que lo siento casi mío. Seguimos hablando. Un abrazo, Alfonso.