01 diciembre, 2007

Árbol del amor.


Ella pasaba todos los días por la acera que bordeaba el Parque del Retiro de Jerez. Con prisas, pero al ritmo justo marcado; una rutina silente, que cronometrada, hacía que se encontrara con la misma gente en sincronía.
Sólo cambiaba el Sol, la Luna, las estrellas, el día, la noche. Salvo sábados y domingos, su camino era diario.
Por eso, los fines de semana eran tristes para él. El frescor de la mañana, le anunciaba que ella estaba a punto de llegar.
A lo lejos, escuchaba cada vez más fuerte el rítmico taconeo, que con un efecto Doppler, indicaba que de nuevo, el día sería maravilloso.
Allí venía. Podía sentir su perfume. Como movía el aire con la interrupción de su figura, y como llegaba a él en pequeñas ráfagas, que sentía como caricias.
Luego, la veía marchar, hasta el otro día, salvo si era fin de semana, que entonces sucedía que él se ponía triste.
Le hubiera gustado poder abrazarla un día, hablarle, acurrucarle entre él. Pero sabía que no podía ser. Así, que para qué pensar. Abrió sus ramas y numerosos pájaros se posaron en él para hacerles cosquillas. A fin de cuentas, él era sólo un árbol. Un Árbol de Judea – un Cersis ciliquastrum – pobre y enamorado, en el Parque del Retiro de Jerez, loco por el amor de una mujer.

2 comentarios:

Agata dijo...

Alfonso,yo escribo de Flores de Pascuas que hacen papilla a directivos sin corazón y tú...tú...haces este cuento tan maravilloso.Jo,qué bonito.En serio.Ahora cada vez que yo pase por el Retiro,me sentiré halagada creyendo que algún árbol del amor está deseando que yo pase cerca...

Alfonso dijo...

jejej, gracias por tu comentario :) tú también escribes muy bien :)