26 diciembre, 2007

Es el día de Navidad.

Es navidad. Cierro los ojos y aparezco de nuevo en mi casa. En medio del campo, muevo el visillo y entre las rendijas de la persiana humedecida, sé que hay niebla. El olor del café que mi madre está haciendo me llega hasta envolverme. Yo no lo tomaré. Pero me gusta su olor, robar los granos de café, y ver como van cayendo lentamente por el molinillo. Ruidos de polvorones y un tintineo de anís me hacen recordar que mi familia entera ha dormido en casa. Mi abuela, mi tía, mi hermana, mis padres.
A mis pies , mi fiel amigo, que no me dejaba ni a sol ni a sombra. Mipe. Mi perro.
El libro Corazón ha caído al suelo. Es uno de mis regalos de reyes, pero mi madre me lo ha dado antes para que yo aprovechara el tiempo de vacaciones, y de camino supiera si Marco encontraba a su madre antes de que saliera por la tele.
Otro tebeo de Mortadelo, cae al suelo. Siempre leía varias cosas a la vez. No he perdido la costumbre. M. sabe que tengo toda la casa de libros y revistas regadas.
Escucho los pasos de mi madre, que entra en mi cuarto. Yo, de nuevo estoy en la cama. Me gusta como se inclina el colchón con su peso, cuando ella se sienta.
Yo estaba despierto, pero me gusta que lo traiga. Era el momento del día donde yo hablaba con mi madre sin hablar. La tenía al lado. Ella tampoco me hablaba. Sólo para decir, - venga nene, levántate –
Es navidad. El árbol está puesto. Días antes sacamos con cuidado las luces de colores de aquellas cajitas color naranja que me gustaban tanto. La estrella, arriba. Que brille.
El campo estaba mojado. Mipe estaba ladrando en la ventana como siempre. Celoso de que yo jugara con la Rubia, una perrita de aguas, y con Kazán, un pastor alemán.
Mi abuela estaba en la estufa. Con sus gafas, leyendo en voz baja una revista. Mi padre había ido al huerto, y mi hermana, mi tía y mi madre, en la cocina con sus cosas.
No sonaba el teléfono porque no había.
Encima del televisor, las felicitaciones de Navidad de todos mis primos y mis tíos.
Por el patio, escuchaba a los vecinos. Sus voces eran como de la familia también.
Jugaba con ellos, pero hoy hacía frío, además, era navidad, mi abuela estaba en casa, y me gustaba estar dentro.De noche, todos a dormir. Me gustaba ese cambio de muebles, para que todos cupiéramos. Me sentía protegido. Antes había aprovechado que Mipe ladró para que le sacara al patio a hacer pipí, para mirar el cielo. Todo lleno de estrellas. Qué me gustaba. Mi perro miraba hacia arriba como diciendo que estará mirando éste. Las estrellas, que pasión. Me acosté con la radio puesta como siempre. Había música de navidad. Me dormí con la estrella de belén, que en ese momento, era mi familia, que estaban todos en casa. Como gira el mundo, Dios mío.
No, esta noche amor no, yo no he pensado en tí, abrí los ojos para ver en torno a mí, y entorno a mí giraba el mundo como siempre... Gira, el mundo gira, en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido, con las penas y alegrías de la gente como yo. El mundo, llorando ahora yo te busco, y en el silencio yo me pierdo y no soy nada al verte a tí... el mundo... no se ha parado ni un momento, su noche muere y llega el día y ese día vendrás. El mundo… El mundo... no se ha parado ni un momento, su noche muere y llega el día y ese día vendrás.

1 comentario:

Agata dijo...

Qué bonito,casi que he acariciado a Mipe y he olido a café.Un beso.