13 noviembre, 2007

Tempestad


No es que el silencio fuese sepulcral, pero todo el auditorio estaba atento a la conferenciante. No era un tema aburrido del que hablaba, así que la atención no era dificil mantenerla. Manteníamos la mirada en ella, en sus gestos, en su voz. En lo que decía.Hasta que lo oí surgir. Salió de la nada, insinuante. Mi mente dijo - no - . Pues sí, poco a poco comenzó su intensidad. Despacio, con pausas. No sé quería hacer notar, pero lo conseguía sin querer. Yo sabía de su existencia. De golpe, todo dejo de existir para mí. No había conferenciante. No había público. No había nada, excepto él.Al final, viendo que no conseguía su anonimato, estalló. Para desaparecer de pronto. Un pronto que tardó siglos. El efecto secundario llegó. La autora se llevó el caramelo a su boca, y lentamente comenzó a disolverlo. Un caramelo, envuelto en truenos, que rompió la estructura de una charla sosegada.
Sin embargo, el huracán de fuerza cinco ocurrió en las profundidades del bolso de la señora de azul. Como el silbido del viento, como el frío del frente que avanza, la melodía satánica – así la debió escuchar la señora – se entreabría camino entre los objetos más personales de su dueña. Objetos, que premeditamente – o eso parecía – se habían organizado entre sí para crear el peor de los laberintos. La melodía – cuál hilo de Ariadna – recorría el ambiente, convirtiéndose en el faro anunciador de donde estaba su posición. Todo el mundo lo localizó. Sabíamos que estaba allí. En el fondo del bolso, sonando y tronando. La imposibilidad que ocasiona la premura de la cuenta atrás y las miradas diligentes fijas en un mismo punto, fue el detonante de la carrera de la señora de azul.
Carrera hacia la primera puerta y de ahí, a ningún sitio.
Cuando ella encontró la solución del laberinto, el silencio venció. Pero ella estaba sola, perdida, sólo un minuto después de sentirse bien escuchando la conferenciante. Aún me pregunto, si logró encontrar el camino de regreso. Y si la tempestad, desde el fondo de su bolso, volvió a retumbar.

1 comentario:

Agata dijo...

Hijo de mi vida.¿Todavía ocurren cosas como ésta? O mejor dicho ¿todavía van personas así a charlas o al cine?AYSSSS,QUE ME LAS COMO.Pero tu texto es de lo mejor.