16 noviembre, 2007

Misa del domingo 18 de noviembre de 2007, 33º del Tiempo Ordinario -


La lectura de hoy da un poco de miedo. O al menos a mí me la ha dado siempre que en la Biblia nos refieren terremotos, guerras, desgracias... Pero estamos en el Nuevo Testamento, y con Jesús, no tenemos nada que temer. Lejos queda aquél Dios terrible que castigaba a su pueblo, porque Jesús nos ha traido al Dios cercano, al Dios Padre que ama a sus hijos. Sin embargo, Quien nos redime nos avisa de que el camino no será fácil. Si uno dedice ser cristiano, no optará por una vida sencilla. Podemos ser católicos bautizados y llevar una vida cómoda. Pero luego, cuando crezcamos y un día digamos ante el sacramento de la Confirmación: ¡quiero ser cristiano, quiero ‘ejercer’ el camino del Evangelio!, entonces, la vida se complicará. Porque todo empezaremos a verlo a través de la óptica del cristianismo. Veremos el mundo de distinta manera, a como la ve el resto. Y se nos exigirá. Porque ser cristiano es un compromiso. Andando el camino del cristiano, se nos criticará, se nos acusará, se nos odiará. Yo mismo lo padezco – pero en ínfima medida con lo que sufren el resto de mis hermanos – por ser socialista y católico. Recibo tortas por todos sitios. De parte de los hermanos católicos más conservadores y de parte de los socialistas agnósticos, los ateos, y sobre todo – los más duros – los que creyendo en Dios, no son capaces de ver en la Iglesia la presencia de Cristo. La lectura también nos alerta. Parece que llegará un juicio final donde todos seremos juzgados. Un juicio lejano, que parece que no va con nosotros, cuando en realidad, todos los días tenemos un juicio final del día, un juicio final de la hora, un juicio final del minuto. Porque el Juez no está lejos ni en el tiempo ni en la distancia. El Juez está con nosotros. Pero la lectura nos abre asimismo el camino a la esperanza. Resulta que este Juez también es nuestro Padre. Un Padre que nos quiere tanto que se hace Hombre, para ayudarnos. Un Hombre que será nuestro abogado y nuestra guía durante el camino. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas. Con esta confianza, por muy duro que sea el camino, que lo será, seguir a Cristo es un gustazo. Ah, y una cosa no debemos olvidar. Que somos Iglesia. Que no vamos solos. Que nos ayudarán los hermanos en nuestro camino, así como nosotros debemos tender nuestra mano a los hermanos que lo necesiten. Somos Iglesia y no estamos solos. ¿Hay algún mensaje más esperanzador que éste?

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron:«Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?»
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy yo", y también: "El tiempo está cerca." No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin.»
Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 19-20a

Llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama.
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos.


SALMO Sal 97, 5-6. 7-8. 9 (R.: cf. 9)

R. El Señor viene a gobernar a los pueblos con rectitud.
Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey. R.
Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono. R.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra;
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud. R.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo´a los cristianos de Tesalónica 3, 7-12

Hermanos: Ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes, y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar. En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo. A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan.

NOTA: Sigo avisando que no soy sacerdote, sólo un cristiano de a pie, y esto es mi opinión personal, que puede estar errada. Consulte a su párroco para cualquier cuestión sobre la Misa y las lecturas.

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