09 noviembre, 2007

Misa del domingo 11 de noviembre de 2007, 32º del Tiempo Ordinario -


Qué bien viene esta lectura para los días que han pasado hace poco. Con que facilidad nos habla el Señor cuando estamos dispuestos a escuchar.Hace un año que murió mi madre. Muchas personas se preguntan porque no suelo ir al cementerio. Hace muy poco, con ocasión del Día de los Difuntos, me lo preguntaron y mi respuesta fue: Mi Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Es que es verdad. Entiendo que haya muchas personas que necesitan de ese lugar físico donde atarse al ser querido que se fue. Yo lo achaco a falta de madurez en la Fe, aunque no les culpo. Yo sé que mi madre no está en la tumba. Estarán los restos de lo que fue su cuerpo. Pero ¿mi madre? no, no está allí, estoy seguro. Soy cristiano y creo en la resurrección. Vana Fe la mía si dudara en esto, aunque soy humano. No sé como será la resurreción de los muertos. Si se abrirán las lápidas y si una voz atronadora desde el firmamento los levantará. No lo sé ni me importa. Hace tiempo que dejé de comerme el coco intentando entender a Dios. Soy humano y entender las cosas de Dios se me hacen imposibles. Si lograra entenderlas, yo mismo sería Dios y eso no puede ser. Yo siento a mi madre, y sé que vive. No es un trauma psicológico que me imposibilite aceptar la muerte, el periodo de duelo, etc... no, no es así. Lo percibo como percibo la presencia de Dios en todas las cosas. Y tonto no soy, os lo puedo asegurar. Muy listo, tampoco, pero tonto, no. Por eso me parece estas palabras del Señor, revolucionarias. Nuestro Dios es Dios de vivos. Esa es nuestra Fe. Vencemos la muerte con la resurrección. Y no sólo la muerte física. Si no toda la muerte que hoy existe: muerte en valores, en justicia social, en solidaridad... Con los saduceos, Lucas nos da una lección al contarnos este pasaje. Con cuánta mala idea algunos radicales y entendidos, intentan acorralarte, creándote trampas para que caigas, hacerte contradecir contigo mismo, para demostrarte que estás equivocado. A mí mismo, me lo han hecho a través de este blog. Preguntarme cosas, para luego darme su lección de moral cristiana, que no es si no su 'verdad'. La Iglesia es tan grande que cabemos todos. Y hay diversas interpretaciones de las cosas, salvo en las esenciales. Hay gente que prefiere agarrarse a la literalidad de la Biblia como las fariseos, y otras, como yo , que me agarro a las palabras de Jesús: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Ahí está la respuesta a todo cuando surja la duda, y siempre con la referencia de nuestra Iglesia, que es Madre y Maestra, como decía nuestro amado Juan XXIII. La lectura de hoy me enseña a vivir, a estar alegre, porque Dios a través de Jesús, hará que mi vida no tenga final. Y me avisa, de que en el camino de nuestra vida, aparte de la cruz que cada uno decidamos tomar, no nos van a faltar ni las trampas ni los tramposos.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas (20, 27-38)


En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?" Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven".


Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Macabeos (7, 1-2. 9-14)


En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre. El rey Antíoco Epifanes los hizo azotar para obligarlos a comer carne de puerco, prohibida por la ley. Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo: "¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres". El rey se enfureció y lo mandó matar. Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey: "Asesino, tú nos arrancas la vida presente, pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna, puesto que morimos por fidelidad a sus leyes". Después comenzaron a burlarse del tercero. Presentó la lengua como se lo exigieron, extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente: "De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio, y de él espero recobrarlos". El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor con que aquel muchacho despreciaba los tormentos. Una vez muerto éste, sometieron al cuarto a torturas semejantes. Estando ya para expirar, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".


Salmo Responsorial

Salmo 16

Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.


Señor, hazme justicia y a mi clamor atiende; presta oído a mi súplica, pues mis labios no mienten.

Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.

Mis pies en tus caminos se mantuvieron firmes, no tembló mi pisada. A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras.

Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.

Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos, bajo la sombra de tus alas escóndeme, pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro y al despertarme, espero saciarme de tu vista.

Al despertar, Señor, contemplaré tu rostro.


Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (2, 16—3, 5)


Hermanos: Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y nuestro Padre Dios, que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, conforten los corazones de ustedes y los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras. Por lo demás, hermanos, oren por nosotros para que la palabra del Señor se propague con rapidez y sea recibida con honor, como aconteció entre ustedes.Oren también para que Dios nos libre de los hombres perversos y malvados que nos acosan, porque no todos aceptan la fe. Pero el Señor, que es fiel, les dará fuerza a ustedes y los librará del maligno. Tengo confianza en el Señor de que ya hacen ustedes y continuarán haciendo cuanto les he mandado. Que el Señor dirija su corazón para que amen a Dios y esperen pacientemente la venida de Cristo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

para empezar gracias a dios,,por que es cualquier lado el me respondera y estara con migo,,ya que buscando la palabra de mi señor la encontre en esta pagina ,,muy bueno =P :::soul RULES:: te amo dios!!!