30 noviembre, 2007

Lectura de la Misa del Primer Domingo de Adviento



Lectura del santo Evangelio según san Mateo (24, 37-44) En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Los centros comerciales – algunos desde octubre – nos están avisando de que llega la Navidad. Su Navidad. La de ellos. La navidad de ganar dinero. La navidad de ponerse las botas comiendo. La navidad, que no es navidad. Sin embargo, el evangelio de este domingo, nos avisa. ¡Llega la Navidad! o lo que es lo mismo: es Adviento, el primer tiempo litúrgico. ¡Va a venir el Señor! Pero no a comer, ni beber, ni gastar, ni consumir. Viene a salvarnos. Por eso, hay que estar alertas. Viene y viene precedido de señales que hay que ver y entender. Hay que estar receptivos. Muchos estarán iluminados por grandes carteles, grandes regalos que hacer, grandes comidas de Navidad, y no se enterarán de nada. Otros posiblemente, ni tengan que comer, ni tengan que regalar, ni tengan que ir a centros comerciales, pero ¿ mira... que si precisamente éstos, sean los que estén esperando al Señor y sean los primeros en reconocer las señales de su venida?
Primera Lectura Lectura del libro del profeta Isaías (2, 1-5)

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas y hacia él confluirán todas las naciones.
Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.
El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.

Segunda Lectura Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos (13, 11-14)

Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz.
Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.

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