29 noviembre, 2007

La equis


Mi madre murió el año pasado a causa de una diabetes que le apareció durante su embarazo de mí. La ha hecho sufrir mucho durante su vida, pero los últimos años fue esclava de la insulina. Una diabetes que empezó atacándole la vista, aunque un médico le logró parar el avance con rayos láser. Luego, comenzó a afectarle las piernas, con lo cual no podía subir y bajar escaleras, quedándose, esclava además de la insulina como digo, encerrada en un tercer piso sin poder bajar ni subir. Luego, le fue afectando el cerebro, modificando su conducta, y haciéndola sufrir más en sus momentos de conciencia. Por último, le afectó el sistema digestivo, paralizándolo, haciéndola sufrir más, hasta que murió por no poder conseguir hacer sus necesidades. Mi madre sufrió mucho. Fue atendida estupedamente en un hospital católico concertado. Y yo, como católico que soy también, admiro a los investigadores que hacen todo lo posible, para luchar contra la diabetes, el Parkinson, el Alzheimer, y cuántas enfermedades hagan sufrir a los seres humanos. Mi apoyo para ellos. No entiendo – no entiendo tantas cosas- la postura de algunas personas que dicen pertenecer a mi Iglesia y creer en lo mismo que yo. Dicen luchar por la vida, pero parecen impasibles al sufrimiento ajeno. ¡Jesús no quería la enfermedad ni el sufrimiento! ¡El mismo curaba a los enfermos! No sabemos cómo lo hacía; nosotros le llamamos milagro. Los científicos nos traen milagros. Milagros cuando Pasteur inventó la vacuna. Milagro cuando Fleming descubrió la Penicilina. Milagro cuando Barnard transplantó un corazón.
Son milagros que dan vida.
Soy católico y apoyo cuánto esté en manos de la ciencia para avanzar. No quiero volver a tiempos que me recuerden a Galilego Galilei , a Giordanno Bruno, a Miguel Servet, a Copérnico.
Sigo pensando que todo esto afecta a la equis. A la equis que los contribuyentes españoles pondrá en la declaración de la renta el año que viene. Y no afectará a los ateos o no católicos, porque éstos ya tienen su equis decicida. Sino a los mismos católicos que vemos comportamientos que no entendemos. Una pena, porque al final sufrirá el de siempre, el pobre. Si llega menos dinero, no creo yo que nadie deje de vivir en palacios.
Hace ya algunos años – algunos parecen haberlo olvidado – nació una Teología para la Liberación del Pueblo. Hoy, necesitamos más que nunca, no ya liberar al pueblo, sino liberar al mismo Dios para que su Verdad, nos haga libres también a nosotros.

4 comentarios:

Agata dijo...

Siento el sufrimiento de tu madre antes de morir.Y el vuestro como familia.Yo no me asusto por morir.No sólo me asusta sufrir yo para morir,me asusta hacer sufrir sin que yo pueda evitarlo.Por eso sólo espero tener la suerte de que cuando me llegue la hora sea de pronto.Ay,Alfonso,yo pretendía animarte...

Satie dijo...

Son tantas las cosas que no se entienden de la Jerarquía. Cuidado con la campaña de publicidad que han encargado con el coste que tendrá.
Un detalle, el problema de las células madre tiene mucho que ver con las ganas de controlar de ciertos estamentos eclesiásticos. No he oído a ningún católico de base oponerse al uso terapeútico de las células madre.
Supongo que ya que hay vida (para ellos) en los embriones, se opondrán con la misma fuerza a la pena de muerte en USA, China, y otros tantos países. A lo mejor no ¿verdad?

El Peregrino Ruso dijo...

A los cristianos radicales parece que le da miedo la ciencia, ha pasado siempre en la historia de la Iglesia y es una pena que en pleno siglo XXI siga siendo asi, parece como si la ciencia fuera a quitar el mensaje de Jesús o la fe. Es una pena que siga habiendo noticias como las que tu comentas hoy en día.

Alfonso dijo...

Efectivamente, he visto como algunas - y señalo algunas, porque eran mujeres - estar totalmente en contra del aborto y de los anticonceptivos y permanecer impasibles antes las bombas que caían sobre las cabezas de niños de meses de edad en la guerra de Irak.