02 octubre, 2007

Mis profesores


Hoy mientra iba conduciendo, cruzó un coche por delante mía; el conductor me era conocido. ¡Y tan conocido! Era uno de mis profesores de Intituto.Cuando bajé del coche, y caminaba por la avenida hacia mi destino, pensé en qué importantes han sido los profesores en mi vida, y cuántos ladrillos se han encargado de poner unos y otros, unas y otras, para construir una buena parte del Alfonso que soy.

¿Sería capaz yo de recordar a todos mis profesores como si fuera la lista de los reyes godos? De algunos no recuerdo sus apellidos, por algo será, pero lo voy a intentar. A ver.


Carmen Garcés: fue mi primera maestra; entonces no había guarderías ni nada de eso. Ibamos a casa de ella, en un salón, y allí habiamos muchos niños y niñas. Aprendí a leer, y las cuatro reglas. ¡Incluso dividir por dos!. La recuerdo con cariño. La seguí viendo después de mayor, me quería mucho y me seguía llamando como si fuera un niño pequeño. Hace tiempo que falleció, pero recuerdo con mucho cariño como me enseñó algo que hace que esté aquí y ahora: leer y escribir.


Don Cipriano. Ojo al don. Tenían don. Era el maestro de primero de EGB. Yo era pequeño. Pero me acuerdo de aquél nombre rarísimo. Eran maestros castellanos que destinaban a Andalucía. Tenía gafas. No recuerdo más.


La señorita Julia. Señorita. Estuviese casada o soltera. Era señorita. Segundo de EGB. También me cuesta recordarla. Un recuerdo claro en mi memoria de ese curso fue cuando me harté de llorar porque me dió a beber un bebitrajo que luego me enteré que era una vacuna.


Don Sotero. Tercero de EGB. Compartía profesor con Don Félix, que me daba catequésis, obligatoria claro está, para la comunión. Don Sotero era mayor. Hasta el mismo nombre era de hombre mayor. Recuerdo su libro: Nuestro mundo. La primera vez que veía planetas, soles, estrellas. De don Félix luego me enteré, que era ateo, y que por eso le castigaban así, dando clases de religión. Manda narices.


Don José María. Cuarto de EGB. El régimen del terror. Robespierre. Drácula. Un monstruo. Me pegaba. Me insultaba. Tenía un palo y así nos enseñaba. Me pegaba porque no me ensuciaba. Me pegaba porque no me gustaba el fútbol. Me tiraba de las orejas porque jugaba con mi hermana. Vaya elemento. Supongo que habrá muerto; si por desgracia voy al infierno, seguro que allí me encontraré con él. Su imagen: bigotito tipo Franco, su peste a tabaco. Qué asco. Y todo con los sones del himno nacional: Viva España alzad los brazos hijos del pueblo español. Para olvidar, aunque no se pueda.


Me hizo repetir cuarto. No por mal estudiante, sino porque llevaba adelantado un año. Hice primero y segundo en el mismo, porque sabía dividir, y hubiera terminado la EGB con doce años y eso no podía ser.


Cuarto de EGB, otra vez. Don Alvaro Gil. Recuerdo su apellido. Me regaló dos libros: Simbad el Marino y Cinco semanas en globo. Eso sí que era un profesor. Me contaba chistes. Me animaba a la lectura. Era de Cáceres. Y alguna que otra vez me lo he encontrado. Nunca me pegó.


Quinto de EGB. Don Juan. Era buena persona, mientras no se enfadara. Pero era buen maestro, aprendí de él, sobre todo música, me enseñó a tocar la flauta. Recuerdo aquél día que llegó con un póster muy grande, y lo pegó en la pared. Era el testamento de Franco, que había muerto.


Sexto de EGB. Qué de maestros. Muchos para cada asignatura. A ver si recuerdo: Don Angel para música. Don Teodoro para naturales y pretecnología. Don Abelardo para matemáticas. Don Javier para lengua. La señorita Memi para sociales. Lo pasé bien, y aprendí un montón, sobre todo, francés que me daba Don Javier, qué ilusión poder decir palabras en otro idioma e Historia, con la señorita Memi. Con 11 años yo ya sabía quién era Aristótoles, Herodoto, Pericles... ¿lo sabrán los niños de hoy?


Séptimo de EGB. Los mismos profes, salvo en lengua que me la daba don Manuel Luelmo. El muermo. Aficionados que somos los niños a poner motes. Pero la verdad, lo era. Uno se dormía. Pero aprendí un montón de vocabulario. Y de lectura. Lo pasé bomba cuando leímos en clase 'El monte de las ánimas' de Bécquer. Con doce añitos, óle.


Octavo de EGB. Sólo tres profes: Don Javier, Lengua. Buen profesor, hacía estudiar. Cuando se enfadaba, temblaba Roma. Don Manuel Fernández, geografía e historia. Aprendí tela, pero un montón, recuerdo con él como viví la caída del skylab. Ya la astronomía me interesaba mucho.

Y don Nicolás. El chinchorro. El peor profesor de matemáticas y física que pude haber conocido. Chulo. Grosero. Aprobé, pero me hizo odiar las matemáticas y la física, cosa, que hoy , me gustan.

Cometió un gran error que deberían estudiar los psicólogos. En la lista que nos dió de las valencias, en la de Litio, Sodio, Rubidio, Cesio y Francio, equívoco Francio y puso Faradio, y nos la aprendimos así. Luego suspendimos todos el examen. Pero como era tan bruto no se daba cuenta de por qué. Hasta que se dió cuenta del fallo, y ya era tarde para corregirlo. Hoy día aún me equivoco.


En otro post, recordaré a mis profesores de instituto.




1 comentario:

Agata dijo...

Vaya memoria tienes Alfonso.Aunque me has hecho recordar cuando yo era pequeña.Lo voy a escribir ahora en un papel para hacer memoria.Lo que no me puedo creer es lo del Faradio,si es más difícil decir esa palabra que Francio...Brutote que era el profe.