10 septiembre, 2007

Setenil de las Bodegas




Mi compañero no conocía Setenil de las Bodegas (siempre me interesó como jerezano este apodo; antiguamente, había bodegas en el pueblo porque se dedicaba al cultivo de la vid). Aprovechando mi paso por Olvera, cogí el camino del Santuario de los Remedios hacia Torre – Alháquime - ¡Qué nombre y que pueblo más bonito! -. Después de navegar por los aires, por una carretera de altura y repleta de curvas, Torre – Alháquime se ve a nuestros pies. La cruzamos; me dió por contar cuántas personas me encontraría en el pueblo mientras pasábamos por él. Cuatro personas y un perro. Salimos del pueblo por la carretera hacia Setenil, donde un parquecito pequeño para niños sirve de lindero. Atravesamos un campo lleno de esparrageras, subimos unas cuantas cuestas, a la vez que aparecían ante nosotros grandes cerros, cortados, mostrando la roca madre. De pronto, después de una curva y otra cuesta, aparece Setenil a nuestros pies. En realidad, aterrizas. Porque te da la sensación de que vienes desde el aire. Entras con el coche, por unas calles seperteantes, con una pendiente muy pronunciada hacia abajo, calles cada vez más estrechas, y con curvas imposibles, que cuando las consigues rebasar, te preguntas, cómo pudo tu coche caber por ahí, y como fuiste capaz de no estrellarte ni de gritar preso del pánico.

Luego, cuando suspiras y te enorgulleces de ser un habitante de ciudad capaz de circular en esas circunstancias, te das cuenta, que de lleno, estás en el corazón de Setenil.

Setenil, Laccipo, ciudad romana. Setenil: Septem nihil. Siete veces nada. Las veces que los cristianos, al mando del infante Fernando de Antequera, quisieron conquistarlo a los moros sin conseguirlo. Setenil: la que fue conquistada por sorpresa por el rey Fernando el Católico un 21 de septiembre de 1484, de donde fueron desplazados sus moradores por el Rey a Ronda. Donde su primer alcaíde llevaba de nombre Francisco Enríquez, que tenía a su cargo 150 hombres y algunas compañías de almogáraves. Se cuenta la hipotética intervención de un presunto hijo de la Reina Isabel, de nombre, Sebastián, en cuyo honor se construyó una ermita con el mismo nombre.

Setenil: la que aparece en la sillería del coro de la catedral de Toledo, rememorando esta historia.

Setenil, la que vive excavada en las rocas. Donde el cielo es la misma tierra. Un trozo imposible de arquitectura natural en el corazón de la sierra de cádiz, latiendo para Andalucía. Vean las fotos. Y vayan a verlo, si no lo han visto todavía. Quedarán asombrados.

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