10 septiembre, 2007

Relativismo

He leído el texto que el Obispo de mi diócesis de Jerez, ha escrito este domingo y que publica en la página web de la Diócesis de Jerez Asidonia. www.diocesisdejerez.org/

Desde el profundo respeto que me produce su figura, no puedo si no estar en desacuerdo con lo que escribe.

Hace ver, como indica el Papa Benito XVI, que el relativismo es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad. - ¡He aquí el drama de nuestro tiempo! – no, no creo que eso sea así. El drama de nuestro tiempo son las guerras, el hambre, la injusticia, las desigualdades, la enfermedad... el relativismo, no.

No sé que miedo tiene la Iglesia a esto hoy. El relativismo es una cuestión filosófica que sólo nos interesa a los que leemos sobre estos temas. Pero - ¿le interesa a la mayoría del pueblo esto? - le di el texto a un compañero y le dije: lee y me cuentas que entiendes. Al final, cuando lo leyo, me dijo que no había entendido nada. No, el relativismo no es el problema. Hoy se cree en Dios, y creo que tanto o más que antes. En el texto, el Obispo parece señalar a los que ostentan el poder con el seguimiento de ese relativismo, que intenta, según él, silenciar a Dios. No, no puedo estar de acuerdo. Por lo menos, en España. Aquí, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero no intenta silenciar a Dios. En absoluto. Al revés, ayuda a llevar a Dios a la sociedad. En España, el gobierno paga a los profesores de religión en los colegios públicos con el dinero del presupuesto público para que los padres y madres que quieran, puedan optar para que sus hijos reciban religión católica en la escuela pública. Eso es así y eso no es silenciar a Dios.

El problema no está en Dios ni en el gobierno. El problema lo tenemos nosotros, lo tenemos la misma Iglesia que no sabemos llegar hoy a toda la sociedad. Cuántas veces – y estoy ya harto – he escuchado: yo creo en Dios pero no creo en los curas. Con lo fácil que es creer en los curas, porque se pueden ver y tocar. Pero la gente llana se expresa así. Sólo muestran esa desconfianza, esa falta de credibilidad en nuestra Institución, que sólo por poner un ejemplo, lo podemos ver en las miles de personas que siguen un paso en Semana Santa y luego son incapaces de ir a Misa un domingo, y mucho menos, implicarse en la vida de una parroquia.

Lo relativo no es malo, porque los cristianos somos muy objetivos en nuestras creencias. Lo relativo no es malo, porque tampoco debemos imponer nuestra Fe. El que no la quiera oir que no la oiga. Dios les hizo libres.

Los católicos no debemos hacernos las víctimas, porque no lo somos, o en todo caso, somos víctimas de nosotros mismos.

No existe silencio de Dios. Dios clama más fuerte que nunca hoy en el rostro del prójimo. Dejémonos de filosofías para licenciados y bachilleres, hablemos en un lenguaje más claro, porque Dios vino a presentarse hecho Hombre a todos. A los que saben y a los que no saben. Y los que no saben, también tienen derecho a saber - y comprender - lo que su Obispo les dice cada domingo.

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