22 septiembre, 2007

Prepara la Misa - Lectura del Domingo 30 de septiembre de 2007. 26ª semana de Tiempo Ordinario.


PRIMERA LECTURA Lectura del libro del Profeta Amós 6, la. 4-7

Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaría! Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes, coméis carneros de] rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José. Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»



Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10


R. Alaba, alma mía, al Señor.

Él mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA Lectura de la primera carta apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.



EVANGELIO


Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: - «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. " Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»



Ver para creer. Continuamente tengo estas discusiones con mis amigos no creyentes.Qué fácil lo tienen para negar a Dios. Y qué difícil lo tengo yo para afirmarlo. Bueno, eso dicen ellos. Yo lo tengo clarísimo. Yo creo que todo viene de algún fallo en la catequesis, de una mala enseñanza. De pensar en un Dios lejano, con un triángulo en la cabeza, que nos mueve como a muñecos en la Tierra. Obviamente, eso es muy difícil creerlo. Es más fácil creer entonces en Zeus.

El Evangelio de hoy nos lo da a entender. Los humanos somos muy díficiles para ser crédulos. Para creernos las cosas. Para creernos las cosas que realmente importan. Porque las tonterías, nos las creemos del tirón. Ahí tienen ustedes el éxito de los echadores de cartas o de los astrólogos.

Si no escucháis a Moisés ni a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto. Y bien verdad que es. Porque Jesucristo resucitó, y a pesar de eso, muchos, hoy, no creen.

Son muy respetables; ojalá yo pudiera transmitirles mi Fe. Tengo que hacer esfuerzos en ello. Pero uno es tan pobre ante estas cosas. Jesús resucitó y esa es la base de nuestra Fe. Pero no tenemos que ponernos a pensar en la losa que se movió, que sí, que es muy importante. Hay que ver a Jesús resucitar cada día. En el prójimo. Es el sitio más fácil para encontrarle. Resucita en cada abuelo que nos mira. Resucita en cada trabajador que sufre. Resucita en los enfermos. Ahí está la razón de nuestra Fe. Abrámonos de oídos y llenémonos de la Palabra de Dios. Entonces, no nos costará creer.



Nota: Con esta reflexión no prentendo enseñar a nadie. Sólo escribo la reflexión que hago siempre en las lecturas de la Misa. Me gusta pensar en lo que escucho. Quién quiera aprender debe acercarse a un sacerdote y seguir el camino que marca el Magisterio de la Iglesia Católica.

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