10 septiembre, 2007

Olvera



Creo que tendría yo unos quince años cuando fui a Olvera por primera vez. Un viaje que me marcó. Yo era un chico muy miedoso; aquella carretera con tantas curvas, con unos pequeños postes blancos que marcaban su arcén y que ocultaban de mi vista unos barrancos para mí, impresionantes. Iba con mi familia y unos amigos en un SEAT 850; era un quince de agosto y nos dirigíamos al Santuario de Nuestra Señora de los Remedios. Yo ya tenía una cierta educación religiosa, no en vano, era alumno de los salesianos, pero aquél santuario me impresionó. La imagen de la Virgen era bonita, pero no me gustó ver colgada de las paredes largas trenzas de pelo de chicas que la había ofrecido en forma de promesa. Hoy, después de tantos años, he vuelto. Lo he visto con los ojos de un adulto, y me ha encantado. Bonito sitio. No estaban las trenzas que tanto me disgustaron. De nuevo, volví a ver la burrita que allí se encuentra, con el Maestro, siempre en Domingo de Ramos, a su lomo. Y en su capilla, ahí estaba Ella. No pude hacerle fotos porque está prohibido, pero sí se la pude hacer a un mosaico de azulejos que aquí le pongo. Vayan a Olvera; si son creyentes, vayan al Santuario de los Remedios. Si no lo son, vayan a Olvera de igual manera. Está más bonito que nunca. Precioso, no puede decir más elogios. Me encanta la Sierra de Cádiz. Y la carretera, no tiene nada que ver con la que a mí me asustó tanto. Es estupenda. Mucho cuidado con los conductores que circulan por ella, que al tener un buen firme, van a velocidades excesivas.

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