08 septiembre, 2007

Columnistas

Muchas veces pienso en ellos; a veces los leo por curiosidad; otras ni eso. La curiosidad que tengo es poder averiguar que encuentran en ellos los directores de los periódicos para tenerlos como lo que son. No sé cuáles son sus profesiones. Vamos a llamarles columnistas. Continuamente anda despotricando contra el gobierno y todo lo que suenae a izquierdas; no ven nada bueno. Algunos intentan ser o comportarse como grandes escritores, y sólo llegan a ser la sombra de la sombra de Antonio Gala. Otros intentan defender a capa y espada un catolicismo trasnochado y que no tiene nada que ver con la humildad y el mensaje de amor de Jesucristo. Dan pena. Vociferando a través de los papeles de los periódicos. Sólos. Provocando a mujeres, homosexuales, inmigrantes. A todos. No dejan títeres sin cabeza. Y sin poner una dirección de correo electrónico para contestarles. Bien, porque o no saben configurarlos o porque, sencillamente no quieren. No quieren porque desean que le contesten los lectores en Cartas al Director de sus respectivos rotativos. Están tristes porque no les escriben. Porque nadie responde a sus provocaciones y sencillamente, porque a fin de cuentas, no son gente tan importante ni creadores de opinión, como ellos quisieran. Por eso, en este post, no voy a poner sus nombres.

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