17 agosto, 2007

Me queda Perú


Estoy preocupado por lo sucedido en Perú. No sólo a nivel social; es una gran catástrofe que nos duele. También personal.
Tengo un ciberamigo en Mollendo, cerca de Arequipa. Ayer le mandé un email, pero no contesta. Tampoco se conecta al messenger. Sé que las comunicaciones no funcionan, algo lógico. Espero y deseo que esté bien y que pronto pueda tener noticias de César.

La Tierra está viva, se mueve. Curiosamente, la semana pasada, César me preguntaba por el terremoto de España, que lo había escuchado en las noticias. Le dije que aquí en Jerez no se había sentido, a pesar de tener casi seis grados en la escala Richter. Le contaba que había habido uno en Jerez, pero leve. Y en febrero, otro más fuerte, en el Cabo de San Vicente, que yo, en El Puerto de Santa María, sí lo había notado, aunque en principio, creí que era un mareo. Un mareo extraño.
El terremoto de Perú ha sido muy grande. Casi ocho en la escala. Una escala un tanto complicada de entender, porque mide la intesidad, no los efectos como la antigua Mercalli. Aunque Perú, es zona sísmica, no se está preparado. La pena es lo de siempre.
Siempre le toca a las zonas con más pobrezas y menos recursos. O bien, cuando le toca a los más pudientes, dígase Japón, estos aguantan. Incluso el gigante americano, USA, sucumbió a los efectos de un huracán. Pero fui Nueva Orleáns quien sufrió, lleno de negritos. Aunque como decía un compañero en la radio, todas las desgracias ocurren en Nueva York.
Me gusta Perú. Desde pequeñito cuando leía, sí, ay que vergüenza, los libros de Juan José Benítez, en el que en los arenales de Chilca, cerca de Ica (donde el terremoto) habían encontrado unas piedras con grabados de civilizaciones humanoides que habían convivido con los dinosaurios, pero que por culpa de una catástrofe, se fueron a vivir a las Pléyades.
Yo con diez años, no tenía ni idea de lo que eran las Pléyades.
También leí un libro de una organización llamada Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias, que contactaban con habitantes del satélite de júpiter Ganimedes. También andaba encantado con las ruinas del Machu Pichu. Esas eran mis lecturas con casi catorce años, no diez como puse antes. ¿Loco, verdad? Si supieran mi miedo cuando me enteré de que la Voyager iba camino de Ganimedes, y yo aterrorizado esperando a que descubrieran extraterrestres. Llegó la nave y no vio nada. Mis intentos telepáticos de contactar con los extraterrestres tampoco sirvieron de mucho. Me dí cuenta de Juan José Benítez me estaba engañando, y entonces crecí. Pero de todas aquellas, lecturas, me queda Machu Pichu, me queda Perú y me queda mi ciberamigo César. Y eso, sí es verdad.

2 comentarios:

Satie dijo...

O sea que lo que mata no es el terremoto sino la falta de dinero y recursos.

Alfonso dijo...

Así es, y el terremoto, lo remata.