08 agosto, 2007

Lluvia de estrellas Perseidas


Ocho de agosto. De nuevo se acerca el tiempo de las Perseidas. Trazos de luz se abrirán de nuevo en nuestros cielos para enseñarnos que la bóveda celeste no es inmóvil y que la belleza se puede alcanzar de muchas maneras. Me producían inquietud cuando era pequeño. No sabía lo que eran, claro. Hoy, me gusta. A pesar de la previsibilidad. A pesar de que ya sé que ni son estrellas ni son, ni mucho menos, las lágrimas de San Lorenzo por su martirio. En 1862, el cometa periódico Swift-Tuttle fue visto por última vez. Se calculó que tendría un periódo de 120 años. Por lo tanto, en 1982, año del Naranjito, se tendría que haber visto otra vez. Pero no fue así. No apareció, por lo que se pensó que se había desintegrado. Además, esto estaba avalado porque se le relacionaba con la lluvia de estrellas de la que hablo, las Perseidas. Todas las partículas que este cometa, (y los demás) que se van quedando por el espacio, si da la casualidad que la Tierra, las atraviesa en el camino de su órbita, entraran en nuestra atmósfera y por el rozamiento con ésta, producirán destellos luminosos. En 1992, el Swift-Tuttle, apareció otra vez. ¿Qué había pasado? ¿Malos cálculos? No tenía por qué. Cuando un cometa pasa cerca del Sol, parte de su materia es evaporada por la radiación del Sol. Esta evaporación no ocurre necesariamente en forma simétrica, sino que puede actuar como un cohete impulsor variable adosado al cometa, causando fuerzas asimétricas que distorsionan su órbita en forma impredecible, como dice un astrónomo. Este año, el máximo de las Perseidas, allá por el doce de agosto, coincide con una fase lunar no molesta para la observación. Con esto ya tenemos la mitad de la suerte. Sólo nos queda que sea una ‘lluvia abundante’ y que no haya nubes. Podemos optar por dos maneras distintas de verlas. Una, observarlas. Llevar un estadillo de cada una: su magnitud, su traza, su orientación, etc... Otra: observarlas, disfrutar de su belleza, pedir deseos; muchos deseos o el mismo muchas veces, etc... Las Perseidas tienen también un interés para los astrónomos aficionados. Curiosamente, esto atrae al público en general. Todo el mundo quiere verlas. Y algunos, se ponen en contacto con su agrupación astronómica local. Otros, harán todo lo posible para no poder verlas, como irse a playas iluminadas. De entre este público general, podemos observar distintas tipologías de personas. Desde el que busca saber más y el conocimiento a través de la ciencia hasta el que viene contaminado por ikerjimenezs y jotajotabenites, esperando ver platillos volantes y conspiraciones interplanetarias detrás de nuestras Perseidas, esas partículas cometarias. Y ahí estaremos nosotros, de nuevo explicando; y mientras no ven estrellas, enseñando que el cielo no sólo son Perseidas. Ojalá que la gente no sienta la llamada por las estrellas que caen. Hay anillos de Saturno, Albireos de colores, sombras de satélites de Júpiter, aritos de humo en Lyra, perchas para que los Dioses griegos cuelgen sus ropas, y patos salvajes para que Lito esté contento, que hacen que el cielo sea lo mejor que nunca podremos tener entre manos.

1 comentario:

Satie dijo...

Desde luego algunas Perseidas son más bluffeidas. Prefiero las Leónidas.