03 agosto, 2007

Evangelio del domingo


Evangelio † Lectura del santo Evangelio según san Lucas (12, 13-21) Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?” Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

El Evangelio de hoy nos muestra la dureza y la nobleza de la palabra de Jesús en cuánto a los ricos. Me sorprendo cuando veo a ricos que se llaman cristianos a sí mismos. ¿Es válido ante los ojos de Dios ser rico y dar limosnas a los pobres (¿qué tanto por ciento de mi riqueza doy para los pobres?)? ¿Se puede ser de derechas ‘de los de toda la vida’ y entrar en el Plan del Reino que Jesús nos presenta con la historia de este hombre rico? ¿Podemos pedir limosna en nombre de la Iglesia, si ante el mundo nos mostramos como una organización apegada a la riqueza? Jesús nos interpela uno a uno, y especialmente a quien pronuncia su nombre con euros en las manos.

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