08 abril, 2007

Semana Santa

No he sido nunca muy amigo de la Semana Santa espectáculo. No me gusta que los actos de Fe, de oración, terminen en un cartel turístico, pero a pesar de esto, no puedo negar que me guste ver los pasos en la calle. Entiendo que hay mucha gente con Fe, lo sé, y lo respeto, pero sé que lo que se ha convertido la Semana Santa en Jerez, y en Andalucía, para nada tiene que ver con la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

La de este año, ha batido récords en Jerez. Una carrera oficial imposible. Por razones que todos intuimos, la Unión de Hermandades decidió que este año no pasaran las cofradías por delante de la casa de todos, el Ayuntamiento, ni por una de las plazas renacentistas más bonitas de Andalucía, y con un monumento a la Virgen único, el monumento de la Virgen de la Asunción.

Sin embargo pasó por delante de la Gerencia de Urbanismo, sitio de trabajo del hoy concejal a secas, Pacheco.

Interminables palcos han convertido a Jerez en una ciudad de madera, y la sensación que tuve, mientras acompañaba al paso que acompaño todos los años, es que iba por medio del sambódromo de Río de Janeiro. Como digo, Semana Santa espectáculo.

Tampoco me gustó para nada la actitud de nuestro obispo en el desfile procesional del Santo Entierro. Ay, Don Rafael, cuánto le echamos de menos.

Lo mejor: sigue impresionando. Los pasos de Jerez sigue impresionando. Pero tenemos que plantearnos todos los hermanos de que aquí hay que cambiar algo. Si no se cambia, puede que cada vez sea más difícil sacar los pasos a la calle.

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