26 enero, 2007

Pasión por la astronomía.


Era muy pequeñito, seguramente podría tener menos de siete años, cuando todas las tardes de domingo, venía acompañado de mi abuela y mi tía, desde lo que hoy es la barriada de la Granja, y entonces era precisamente eso, una granja, donde vivían mis padres, hasta mi otro domicilio, donde vivía mi abuela, en la barriada de la Asunción. Mi barriada de toda la vida por mucho que hoy viva en otras.
Venía caminando por esa antigua carretera de arcos, evitando unos setos que crecían con pinchos que tenían siempre el mismo objetivo: hincarse en mi piel como si fueran dardos.
Venía caminando, y observando como se ponía el Sol. Tanto lo miraba, que me dañaba la vista y empezaba a ver como manchas en su esfera más oscuras, lo que yo interpretaba como que el Sol se estaba apagando. Se lo comentaba a mi tía, que me reñía por mirar. El Sol se apagaba, y lo peor, nadie se daba cuenta.
Ahí empezó mi interés por la astronomía. Si me fijaba en el Sol y me preguntaba cosas, eso es hacer astronomía ¿no?
Luego, fui creciendo y con catorce años me fui a vivir al campo.
El campo tiene muchas cosas bonitas que me gustan. Sería innumerable contarlas. Pero cuando precisamente el campo no se veía, cuando llegaba la noche, a mi eso me fascinaba. Salía a mi patio o al mismo campo abierto (aunque me daba miedo) y me ponía a mirar las estrellas. Y a soñar con platillos volantes, marcianos y Luke Skywalker.
Ya todos mis peticiones de regalos para Reyes iban encaminado a la astronomía.
Unos prismáticos. Y luego una guía de campo.
Entonces sí que aprendí astronomía.
La historia a partir de ahí es muy larga, ya las iré contando. Termina por ahora en estas conferencias de astronomía que organiza mi agrupación de astronomía Magallanes y el Instituto de Cultura. No se la pierdan, vayan a verla.

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